Octubre de 1949:
La liberación de la cuarta parte de la humanidad

MAO MAS QUE NUNCA

La revolución china y la esperanza del futuro

Obrero Revolucionario #1024, 3 de octubre, 1999

Recuerdo una canción de los años 60 que cantaba Nina Simone; una estrofa se me quedó grabada en la mente: "Quisiera saber cómo es sentirse libre...".

¡Cómo ansiamos esa libertad que el pueblo chino tenía!; ellos saborearon la libertad, o sea, sabían lo que es ser libre, no totalmente libre de la sociedad de clases ni de todos los peces gordos a quienes les gusta dar órdenes, pero libre de la pesadilla, del infierno en que vivimos en esta porquería que llaman el mejor país del mundo....

En China se caminaba por la calle de día o de noche con orgullo y sin miedo. Y el orgullo que se sentía no era personal, sino un orgullo de clase, que nacía al saber que estaban trazando el camino hacia el futuro de la humanidad.

El pueblo chino alzaba la frente y no hincaba la rodilla ante nadie. Plasmaba en realidad el mundo que nosotros ansiamos; ese sueño por el que luchamos, que a veces parece un sueño imposible, ellos lo vivían. Es decir, ya no vivían bajo la bota de los matones de azul que nos golpean y nos asesinan a sangre fría por el "delito" de no arrodillarnos.

Conocían la libertad: ser libres de la discriminación; libres del patrón y del trabajo que agota el cuerpo y la mente; libres de la decadencia y la degradación; libres de una sociedad que nos vuelve tan locos que hasta nos matamos por un estacionamiento.

Bob Avakian, Presidente del PCR,EU, 29 de enero de 1979

El 1º de octubre se cumple el 50 aniversario de la victoria de la revolución china. En esa fecha en 1949, Mao Tsetung proclamó la fundación de la República Popular de China. Así, una de las revoluciones más importantes de la historia llegó a un momento culminante: la conquista del poder nacional y el establecimiento de un nuevo estado revolucionario.

Los acerados combatientes del ejército revolucionario de Mao derrotaron a los ejércitos del viejo gobierno en todo el país y así conquistaron la victoria de una guerra popular iniciada 22 años atrás, en 1927, con el Levantamiento de la Cosecha de Otoño (en que el enemigo por poco fusila a Mao).

La guerra popular prolongada combatió contra las guardias de los terratenientes y los señores de la guerra, contra las fuerzas invasoras de los imperialistas japoneses, contra los ejércitos de Chiang Kai-shek (pagados por Estados Unidos); o sea, contra todas las fuerzas armadas del viejo orden de opresión y explotación. Al llegar a las aldeas y ciudades de China, los combatientes rojos llevaban nuevas y sorprendentes costumbres y formas de vivir, trabajar y pensar que aprendieron en las bases de apoyo revolucionarias del campo.

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Hace 50 años, las victoriosas fuerzas revolucionarias de China estremecieron al mundo. Hoy, las celebraciones de ese aniversario son sumamente distintas.

En China, el actual gobierno (que subió al poder en 1976 con un golpe de estado antimaoísta) está organizando una celebración. La foto de Mao se verá en todas partes, pero han pisoteado sus metas e ideales revolucionarios.

En el Occidente, aprovecharán el cincuentenario para declarar una vez más que "el comunismo ha fracasado" y que la revolución no sirve para nada.

Pero por otra parte, también celebrarán por todo el mundo (incluso en China) los que admiran la visión revolucionaria de Mao y los logros del pueblo chino.

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La revolución china cambió la faz del mundo. La ardua lucha y los sacrificios de la guerra popular transformaron al "viejo enfermo de Asia"-donde imperaban las potencias extranjeras, la corrupción desenfrenada y el hambre-en una nueva China.

La cuarta parte de la humanidad empezó a construir una sociedad socialista sin explotación ni control extranjero. Inmediatamente se inició la reforma agraria y grandes campañas populares para eliminar la drogadicción, las enfermedades infecciosas y el analfabetismo.

El nivel de vida del pueblo mejoró enormemente a lo largo de 25 años, en medio del tumultuoso proceso de organizar una nueva sociedad. El promedio de vida subió de menos de 30 años antes de 1949 a 65 años en 1975; se desarrolló una nueva industria (con un crecimiento anual del 10%); el desarrollo económico se encaminó conscientemente a superar los desequilibrios entre el campo y la ciudad. En 1976, la revista Time comentó que "China ha resuelto" el problema de alimentar a la población.

La China maoísta planteó una alternativa revolucionaria y un modelo que resonó por todo el mundo: los pueblos oprimidos redoblaron su lucha en Vietnam, Palestina, Africa y muchos otros puntos del planeta; surgieron movimientos maoístas armados en India, Filipinas y Latinoamérica; en los años 60, la juventud maoísta sacudió las ciudadelas imperialistas de Europa, Japón y Estados Unidos.

La "China Roja" enardeció a los imperialistas y pronto las potencias occidentales (y luego la neocapitalista Unión Soviética) la atacaron con saña: con propaganda anticomunista, cerco militar y aislamiento.

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Los revolucionarios que fueron a China durante la Gran Revolución Cultural Proletaria oyeron a muchas mujeres contar con orgullo cómo erradicaron los matrimonios concertados, la prostitución y el infanticidio femenino (todos los cuales plagan hoy de nuevo a China). Las delegaciones extranjeras vieron clínicas de "médicos descalzos", o sea, campesinos que recibieron cursos de capacitación básicos para atender los problemas de salud y enseñar medicina preventiva. En esa época la mortalidad infantil era menor en Shanghai que en Nueva York.

¿Cómo pasó todo eso? El pilar de la economía socialista china era la cooperación y poner en primer lugar las necesidades sociales no las ganancias. Durante la Revolución Cultural, los oprimidos por la vieja sociedad ejercieron la dirección de la nueva sociedad como no se ha visto ni antes ni después. Contaban con un partido comunista de vanguardia guiado por el marxismo-leninismo-maoísmo: la ideología de la liberación total. El principio rector de la sociedad era "servir al pueblo".

Los trabajadores participaban en la dirección de las empresas; los campesinos debatían el impacto de las ideas feudales en la vida de la mujer y cómo erradicarlas; a los administradores los criticaban si se alejaban de las masas; los estudiantes iban al campo para aprender de los campesinos.

Naturalmente, China no era una utopía. Mao captó que la revolución socialista es un proceso continuo y que la sociedad socialista es un período de transición al comunismo. Superar totalmente el legado del pasado y todos los desequilibrios sociales y económicos requiere generaciones de lucha y cambio. Asimismo, Mao señaló que es esencial movilizar a las masas para impedir que una nueva élite "socialista" restaure el viejo orden, como pasó en la Unión Soviética en 1957 y en China en 1976, después de la muerte de Mao.

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Se suele oír que la Revolución Cultural fue una época de persecuciones injustas y de caos: eso lo dicen los defensores del privilegio y de la jerarquía, los guardianes y arquitectos del sistema capitalista mundial. Para ellos, el igualitarismo de la Revolución Cultural fue una pesadilla porque va contra su mundo polarizado de extrema riqueza y extrema pobreza.

Pero para los oprimidos del mundo, fue algo muy distinto. Hoy los partidos y organizaciones del Movimiento Revolucionario Internacionalista, tanto como otros maoístas por todo el mundo, caminan sobre los hombros de Mao Tsetung y la revolución china. En Perú y Nepal se libran guerras populares maoístas dirigidas por partidos del MRI. Otras fuerzas maoístas-en Filipinas y otras partes-están librando guerras populares y luchas armadas revolucionarias. En muchos países, incluso aquí en las "entrañas de la bestia", los revolucionarios están preparando el terreno para la revolución.

Como dice la revista internacionalista Un Mundo Que Ganar: "Cincuenta años después, se destaca con aún mayor claridad la magnitud histórica del triunfo de la guerra popular en China. El ejemplo de los logros de nuestra clase nos llena de entusiasmo para escribir nuevos capítulos en la historia de la revolución proletaria".

Al umbral del nuevo milenio, un billón de personas (la mayoría en el tercer mundo) sufren de hambre y desnutrición; el 1% más rico de la población controla el 40% de la riqueza nacional.

¿No es por eso que se necesitan las revoluciones? ¿No es por eso que se hacen las revoluciones? Los logros y las lecciones de la revolución china albergan gran esperanza para el futuro.


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